El juego de la vida

por Rama

El juego de la vida.

Sucedió en el mismísimo espacio sideral, hace mucho, y créeme que cuando digo mucho podría ocupar dos renglones escribiendo números.
Los participantes fueron 8, todos dioses, todos al pedo, todos aburridos.
Las reglas del juego consistían en hacer carambola con los astros, y cada participante debía elegir un objeto para apalear cometas, asteroides, lo que venga. Solamente poseía cuatro tiros y el que logre mas fuegos artificiales sería el ganador. La prenda sería, que todos los dioses que pierdan, deberían crear algo que se conecte entre sí y que pueda entretenerlos para no tener que jugar a esto por el resto de la eternidad.
Como premio, se otorgaría un favor, sin limitaciones, por parte de cada dios.

Extrañamente uno de los participantes tenía un caddy, pero se rumoreaba que alguna vez fue uno de los suyos y por alguna apuesta o hecho poco fortuito hoy se encontraba en esa bochornosa posición. De vez en cuando lo asesoraba y le daba una mano. Los otros dioses sospechaban; sabía mucho para ser un sirviente.

Hubo varios concursantes que pifiaron, otros que eligieron erróneamente el objeto; y de a poco los dioses fueron menguando.

El juego vendría a ser, una especie de béisbol, las bochas y el tejo.

Final pareja, muy pareja, venían afiladísimos Marvin y nuestro díos.
Marvin decide cambiar su objeto para golpear y lo manotea a Silver Surfer que estaba boludeando por ahí. Le pegó tan fuerte que hizo cajeta todo.
Al presenciar semejante explosión, no dudaron ni un segundo en dictaminar, la victoria fue unánime y  estuvieron largo rato pensando, en las formas y lo que se estaba gestando; Marvin  se las picó calladito diciendo “Cuando necesite algo, acudiré a ustedes” –Si, tómatela enano chanta, siempre zafas, escrutó alguno por ahí.

Entretanto, tenían que crear algo, pero como nadie había puesto fecha límite, todos harían las cosas con calma, con mucha paja por así decirlo.

Esto acá vendría a ser una transcripción de un dialogo que tuvieron los dioses que habían perdido primero.

El nuestro estaba jugando al truco, o algún juego similar con su caddy prestando poca atención, matando el tiempo y rascándose el upite. Entretanto, el asistente pensaba y elaboraba nuevas formas para poder ganarle al viejo aunque sea una mano.

-Bueno muchachos, ¿que es lo que vamos a crear?
-Concibamos vida, algo que obre por su propio peso.
-Interesante idea.
-¿Pero de que tipo de vida estaríamos hablando?
-Yo crearé un elemento que irradie luz y calor gritó uno exaltado. Y así se creo el sol.
-Yo remodelaré varios astros y los postraré cerca de tu gran estrella. Y así se crearon los planetas.
-Yo engendraré satélites que rodeen sus mundos para darle un toque más pintoresco a este collage. Y así se creó nuestra galaxia.
-Yo tomaré uno de sus mundos y crearé una primitiva forma de vida, algún ser insignificante que vaya evolucionando. Y así comenzaba todo.
-Yo pintaré tus mundos con colores bonitos y los moldearé con diferentes tamaños y formas. Y así nació el arte.
-Yo aceleraré tu paso y crearé formas más complejas, que luego se dividirán de acuerdo a su naturaleza o razón de ser. Y así nacieron las especies.
-Yo proveeré a ese mundo un hábitat donde pueda coexistir mi máxima creación, un ser a imagen y semejanza nuestra. Y así nació el hombre.

Por ultimo, nuestro dios, ya hastiado de ganar en ese aburrido juego con su caddy, se sentó junto a sus amigos y contempló lo que habían hecho sus pares.
Es algo hermoso lo que han creado, a su vez también es entretenida y elocuente la elaboración de seres a nuestra semejanza. Me encanta, y sin embargo, no se de que forma podría complementar con sus bellas creaciones. El caddy, en cambio, desde el primer momento que los vió, le aborrecieron. Le parecían un mamarracho, algo a medio terminar y decidió comentarle a su jefe.
-Señor, si me permite, yo creo que podría hacer algo para la satisfacción de ustedes comentó el ayudante.
-A ver cuéntame fiel ciervo.
-Mire señor, si los seres que han creado, son realmente a imagen y semejanza de ustedes; mucha diversión no habrá. Ustedes son muy pacientes, relajados y poseen una vasta sabiduría. En otros términos, son aburridos pensó por lo bajo.
Debemos darle un incentivo, una vuelta de rosca que prenda sus motores al rojo vivo.
Algo que les hastíe el alma, y a su vez la calme. Una razón para vivir y miles para morir.
¡¡¡Tenemos que hacerlos mortales!!!

Y ahí comenzó el gran debate.

-¡Pero no! ¡¡¿Como vamos a hacerlos mortales?!! Al cabo de un tiempo perecerán y todo el trabajo que hemos hecho se habrá esfumado.
-Estoy de acuerdo comentó otro, pero también es verdad que nos aburriremos.
-Convirtámoslos en mortales pero cavilemos alguna forma para que perduren en el tiempo.
-¡¡Que se reproduzcan!! Exclamo un cuarto que había estado callado.
-Pero si se reproducen y no poseen la razón suficiente colapsarán nuestra creación.
-Entonces démosle razón y sabiduría al hombre, una parte al menos.

Esta charla siguió por mucho tiempo, en el cual se limaron asperezas, cláusulas, contratos y demás cuestiones. Pero en todo este lapso nuestro dios no había creado nada, porque después de todo lo único que había aportado era la idea de hacerlos mortales no la realización en sí.

Finalizadas las tareas que habían discutido previamente, se sentaron en el gran cielo y se postraron a observar durante un buen rato. Al ver que todo marchaba como estaba predispuesto, se sintieron satisfechos y hasta un tanto vanidosos. Pero por más bello que pareciese todo, seguía siendo aburrido. Y así fue que uno comentó:
-Barba, ¿vos que vas a crear al final?
-Todavía no lo se, me parece tan lindo todo que tengo miedo de arruinarlo.
Una vez mas el fiel caddy le dijo:
-Maestro, yo tengo la solución definitiva.
-Calla ciervo que estoy pensando.
-Maestro, juegue conmigo una partida de truco, si yo gano, se hará mi voluntad.
-Pero hijo, sabes que no has ganado nunca. ¿Qué te hace pensar que lo lograrás?
-No se si lo lograré, pero al menos lo intentaré y me divertiré entretanto.
-Jugamos a 15 porque sino se hace largo.
-OK, me parece bien.
El juego transcurrió como era de esperar, a pesar de las artimañas que había aprendido, el asistente perdió.
-Bueno hijo, has perdido. Ahora pensaré cual será mi creación.
-No maestro, por favor, déme otra oportunidad, juguemos una mano, una mano mas.
-Está bien, dale repartí que me tenes los huevos al plato.
-Gracias Maestro, muchas gracias.

Luego de meter deliberadamente la uña en el mazo,  y ganarle inescrupulosamente. Con una cara inexplicable de maldad dijo:
-Maestro ha perdido, y sonrió maquiavelicamente.
-Es imposible, ¿como lo has logrado pequeño rufián?
-El tiempo y las mañas maestro.
-¿Acaso siquiera tienes pensado que vas a crear?
Y acariciándole un poco la melena, con un poco de respeto y un poco de soberbia le dijo.

-Maestro, ahora crearemos al Amor. De esa forma, el modesto caddy se aseguró su diversión.
Vería sufrir a esa absurda creación hasta el fin de los tiempos.

Y así comenzó todo.

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