Accidente trágico
Segunda entrega de la trilogía.
Morir se puede morir de muchas formas. De hecho muchos sucumben al llegar a una edad avanzada, por el mal funcionamiento de algunos órganos, sin mayores sobresaltos y con la satisfacción de haberle resistido muchas batallas a la oscura poeta.
Otros quizás padecen de alguna enfermedad hereditaria y viven luchando día a día contra la vieja malhumorada que nunca pierde. Unos sufren accidentes, eventos poco fortuitos que desencadenan en la formación de un bunker de resistencia para la guerra, acorralados en oscuros callejones, resistiendo como pueden, como sea.
Mi muerte en cambio fue paulatina, imprudente y atroz. Al menos creo que he muerto, o estoy por hacerlo; Tuve un accidente, meses atrás, en el cual estuve gravemente herido; mas de quince quebraduras, traumatismos craneales, quemaduras de segundo grado y atrofiamiento de los músculos.
Los médicos aseveraban que podría perecer de un momento a otro. El daño era casi total, y por lo único que me siguieron atendiendo fue por el irrisorio hecho de que seguía con vida y la atención que les llamaba que todavía siga respirando, y la incongruencia que demostraba el poco cuerpo que me quedaba con el respirador moviéndose.
En aquel purgatorio pasé muchos meses distorsionando el tiempo, sumido en pesadillas y flashes de lo acontecido. En un estado cuasi vegetativo, a la espera de la última estrofa de la madama de negro, la ultima melodía que termine de vaciar el sonido de este recipiente maltratado. Seguir leyendo »