Ramakandra

Cuentos que no son cuentos…

Accidente trágico

Segunda entrega de la trilogía.

Primera parte

Tercera parte

Morir se puede morir de muchas formas. De hecho muchos sucumben al llegar a una edad avanzada, por el mal funcionamiento de algunos órganos, sin mayores sobresaltos y con la satisfacción de haberle resistido muchas batallas a la oscura poeta.
Otros quizás padecen de alguna enfermedad hereditaria y viven luchando día a día contra la vieja malhumorada que nunca pierde. Unos sufren accidentes, eventos poco fortuitos que desencadenan en la formación de un bunker de resistencia para la guerra, acorralados en oscuros callejones, resistiendo como pueden, como sea.
Mi muerte en cambio fue paulatina, imprudente y atroz. Al menos creo que he muerto, o estoy por hacerlo; Tuve un accidente, meses atrás, en el cual estuve gravemente herido; mas de quince quebraduras, traumatismos craneales, quemaduras de segundo grado y atrofiamiento de los músculos.

Los médicos aseveraban que podría perecer de un momento a otro. El daño era casi total, y por lo único que me siguieron atendiendo fue por el irrisorio hecho de que seguía con vida y la atención que les llamaba que todavía siga respirando, y la incongruencia que demostraba el poco cuerpo que me quedaba con el respirador moviéndose.

En aquel purgatorio pasé muchos meses distorsionando el tiempo, sumido en pesadillas y flashes de lo acontecido. En un estado cuasi vegetativo, a la espera de la última estrofa de la madama de negro, la ultima melodía que termine de vaciar el sonido de este recipiente maltratado. Seguir leyendo »

Los viajes eternos

Primera entrega de la trilogía.

Segunda parte

Tercera parte

No es como dice Dolina, que uno vive amando y siempre se va recobrando esa energía, uno ama unas veces, quiere otras muchas y por ultimo termina aceptando las pocas que le quedan.
Si existe ese amor, por el cual nosotros no percibimos, o no lo valoramos como tal porque es efímero, fugaz y lleno de augurio, que a menudo aparece tan rápido que solamente nos contentamos con una buena figura y no llegamos a apreciar la totalidad.
Un claro ejemplo seria el colectivo, cuantas veces nos hemos enamorado de distintas curvas, sonrisas, gestos y facciones que rozan con la locura, que al fin y al cabo sin ser demasiado hipócritas son las primeras opiniones las que cuentan, no hay segundas oportunidades para primeras impresiones. Luego si la llegase a conocer remediaría cuanto de exaltación y lujuria había en mi juicio.

Cuantas veces hemos pensado decirle algún sutil comentario a esas damas del infierno, de partir en 2 la rutina, de quebrar los ejes de la rueda que siempre gira y siempre absolutamente siempre hace lo mismo, de arrebatarle una sonrisa, de enardecerla por segundos siquiera, o de ruborizarla ¿Por qué no?
¿Cual es ese sentimiento aterrador que siempre nos deja pasmados a la hora de actuar, de hacer el ridículo, de romper con el esquema? Algunos pueden dar alusión al miedo, bueno analicemos eso: Miedo, ¿miedo a que?, ¿a que este individuo nos mire mal? Nos han mirado miles de veces peor que lo que lo puede llegar a hacer esa señorita inocente y atrevida a la vez, como si hiciese caso omiso de sus armas de seducción pasivas. Seguir leyendo »

El juego de la vida

El juego de la vida.

Sucedió en el mismísimo espacio sideral, hace mucho, y créeme que cuando digo mucho podría ocupar dos renglones escribiendo números.
Los participantes fueron 8, todos dioses, todos al pedo, todos aburridos.
Las reglas del juego consistían en hacer carambola con los astros, y cada participante debía elegir un objeto para apalear cometas, asteroides, lo que venga. Solamente poseía cuatro tiros y el que logre mas fuegos artificiales sería el ganador. La prenda sería, que todos los dioses que pierdan, deberían crear algo que se conecte entre sí y que pueda entretenerlos para no tener que jugar a esto por el resto de la eternidad.
Como premio, se otorgaría un favor, sin limitaciones, por parte de cada dios.

Extrañamente uno de los participantes tenía un caddy, pero se rumoreaba que alguna vez fue uno de los suyos y por alguna apuesta o hecho poco fortuito hoy se encontraba en esa bochornosa posición. De vez en cuando lo asesoraba y le daba una mano. Los otros dioses sospechaban; sabía mucho para ser un sirviente. Seguir leyendo »

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