Ramakandra

Cuentos que no son cuentos…

Todos los fuegos van al fuego (Parte 3)

Se fue acercando lentamente, escuchando rechinar el piso parquet, contemplando a los presentes, esquivando a la moza y pensando en su discurso, en la absurda cantidad de cosas que podría decirle, en sus hipotéticas respuestas y hasta en las replicas a sus respuestas. Entre tanto esquema y tanta locura, terminó pateando la silla y ella, alterada en parte, alzó su vista y lo miró perpleja. Podría haber dicho un sinfín de cosas sumamente violentas, pero en los bochornos siempre terminaba cayendo en la sutil simpleza y además le ganó de mano. Antes de que ella dijera algo, él ya había empezado una suerte de monólogo cuasi stand up. Seguir leyendo »

Todos los fuegos van al fuego (Parte 2)

Aunque el sol saliese y las persianas se abriesen solas. Aunque fuese sábado, que de hecho lo era, no había forma alguna de convencerlo de salir de la cama. Todavía, en su paladar, quedaban restos del vino de anoche y el cogollo mal armado que terminó por convertir esa cavidad cóncava en un burlón papel de lija. Seguía aferrado al borde de la cama, amarrado a una realidad que lo estrujaba como aquel cinturón de seguridad en esa noche que nunca terminó.

El viento y el sol rayaban lo normal, calentando una avenida agitada y un hombre deambulando a paso tranquilo. Una mirada más, perdida en esa interminable serpiente gris. Los sentidos pasean al ritmo de la ciudad, esperando ser cantados en una misma sintonía que nunca logra ser afinada.

“La gente está muy apurada, vive a ritmos incontrolables, inasibles. Se preocupan, se congojan y se inquietan por la sensación de no poder contemplar el simple ruido de las olas chocando contra un infierno de concreto, aunque sea de concreto.”

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Todos los fuegos van al fuego (Parte 1)

“Un nuevo accidente de tránsito se produjo esta mañana en las inmediaciones de la ruta 34 cuando un automóvil que tenía como destino la ciudad de Rosario, reventó una de sus cubiertas delanteras y perdió el control impactando contra un árbol en las afueras de la ruta.
Como consecuencia del mismo, el vehículo FIAT Duna a nombre de Julieta Ledesma ardió en llamas, por lo cuál hasta el momento no se ha podido establecer la identidad ni el número de sus ocupantes.”

1.
Todavía recordaba aquella noche, aún intacta en su cabeza. El olor a sahumerios de la habitación, los pequeños jabones, el enorme espejo, la exagerada cantidad de poses que hicieron y el fuego que tenían sus manos al tocarse, al punto tal que la yema de un dedo parecía contener vestigios de Eros en las uñas. Seguir leyendo »

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