Todos los fuegos van al fuego (Parte 3)
Se fue acercando lentamente, escuchando rechinar el piso parquet, contemplando a los presentes, esquivando a la moza y pensando en su discurso, en la absurda cantidad de cosas que podría decirle, en sus hipotéticas respuestas y hasta en las replicas a sus respuestas. Entre tanto esquema y tanta locura, terminó pateando la silla y ella, alterada en parte, alzó su vista y lo miró perpleja. Podría haber dicho un sinfín de cosas sumamente violentas, pero en los bochornos siempre terminaba cayendo en la sutil simpleza y además le ganó de mano. Antes de que ella dijera algo, él ya había empezado una suerte de monólogo cuasi stand up. Seguir leyendo »