Finadas quimeras
¿Qué me trajo hasta acá?
¿Cómo llegué a ser quien soy?
¿Cuántos miedos tuve que desafiar para poder amar?
¿Cuántos atardeceres putée y cuántas canciones quise ahogar para apagar el ardor de la desilusión?
¿Cuánto valor necesité para hoy no mendigarle al viento la falta de momentos que se inmuten en el tiempo y brillen en lo eterno del instante, incrustándose en una sonrisa del recuerdo?
¿Cuántos errores cometí para hoy soportar el silencio de perdonar?
¿Cuántas noches esperé para poder llorar?
¿Cuántos hombros malgasté con el peso de mis falencias?
He llegado por obra del azar y me he convertido en aquel que nunca imaginé, pero que seguramente alguna vez odié.
Sufrí cuando no debí y me estremecí por no sentir cuando pude hacerlo.
Lloré obsequiando gotas a una indiferente brisa, ajeando mis pómulos;
Despilfarrando en todo momento la gracia de este cuento.
Embestí indeseables presagios
Cabalgué contra el reloj de arena y por un tiempo me mantuve en pie.
Soporté los vacíos de la soledad,
Enloquecí, volví a nacer
Sufrí y condené a la nada acechándome
Me agoté y me vacié
Me entregué, me rendí
Lloré, me perdí
Me desvanecí, intenté y fallé
Volví a morir y nací de vuelta.
Sólo cuando aceptemos que vamos a morir indiferentemente de quien seamos
Que vamos a sufrir sin importar cual sea nuestro dogma u actitud
Solamente cuando logre apretarse en nuestras entrañas y se aferre con todo su ímpetu
La desgarradora sensación de nuestro ínfimo paso por este desgastado Edén.
Ahí quizás, podamos desprendernos de las etiquetas sociales, y de los miedos
Pues no hay peor alguno que tener la certeza de la caducidad y el olvido.