Sábado por la mañana, me despierto, dubito por un instante si es viernes, o efectivamente es sábado; amanezco con la extraña sensación de que es temprano; nunca me levanto antes del mediodía en este sagrado día.
Me dispongo a pensar, levemente, si fue producto de un mal sueño o si es el mal parido del albañil que simula derrumbar la torre Eiffel con una masa de 5 kilogramos; Efectivamente, el reverendo hijo de puta le está dando a la pared y son las 9 de la mañana. Suscito por lo bajo, aprovecha el día el malhumor se irá luego del desayuno degustando un cigarro.
Antes, “un ultimo intento” me dije, primero comencé con una suerte de pensamientos turbios que acongojan la mente, sin salida o con alguna no visible con la esperanza de agotarme y volver a practicar lo que estaba haciendo, apolillar como un campeón. Pensamientos, nada. Bueno, pruebo leyendo mentalmente algún libro que me haya parecido pedante colgado y muy aburrido, como clin caja sale a relucir “El Alquimista” Arranco, pagina 1, pagina 2, pagina 3, me hinché las bolas, era demasiado entupido y estaba perdiendo mi valioso tiempo en rechinar los resortes, no iba a cometer el mismo error dos veces, con una vez alcanza a pesar de la absurda necesidad innata del ser humano de volver a equivocarse cuantas el camino se lo proponga; yo trato de evitarlo, o al menos pensar varias veces. Seguir leyendo »