Ramakandra

Cuentos que no son cuentos…

La luz por la ventana

Esa noche habíamos discutido y la tranquilidad habitual de la cena se vio interrumpida por varios fogonazos visuales que hicieron inútiles los mutuos intentos por apaciguar la tensión. El roce verbal había tomado matices bruscos, el aire condensaba un humor inasequible que iba, poco a poco, inundando toda la casa. En la lejanía, como quien oye a una cucaracha merodear mientras el sueño ha salido a pasear, sonaba el televisor, distante y opaco. Lo único que rechinaba eran los cubiertos malhumorados que, sin cesar, chocaban contra unos platos oscuros, semitransparentes que una vez mi abuela compró por calle San Luis. Seguir leyendo »

Cubos de cristal

Despertó de repente y yacía bajo un umbral transparente. Recorrió el perímetro con sus extremidades manoseando su alrededor. Notó líneas perpendiculares, una pared, un cuadrado y el adentro. Divisó una pequeña grieta y con desesperados movimientos logró quebrajar y salir, para luego, ver que estaba inmerso en otro cubo, más grande. Pensó: “al menos acá estoy más cómodo”. No se satisfizo, trató arduamente de rasgar la pared, sus manos comenzaron a sangrar. Parecía que iba a detenerse por el dolor, una vez más despedazó el cristal para ver los cien cubos que debía quebrar para ver la realidad.

Mi demonio y yo

Sábado por la mañana, me despierto, dubito por un instante si es viernes, o efectivamente es sábado; amanezco con la extraña sensación de que es temprano; nunca me levanto antes del mediodía en este sagrado día.

Me dispongo a pensar, levemente, si fue producto de un mal sueño o si es el mal parido del albañil que simula derrumbar la torre Eiffel con una masa de 5 kilogramos; Efectivamente, el reverendo hijo de puta le está dando a la pared y son las 9 de la mañana. Suscito por lo bajo, aprovecha el día el malhumor se irá luego del desayuno degustando un cigarro.

Antes, “un ultimo intento” me dije, primero comencé con una suerte de pensamientos turbios que acongojan la mente, sin salida o con alguna no visible con la esperanza de agotarme y volver a practicar lo que estaba haciendo, apolillar como un campeón. Pensamientos, nada. Bueno, pruebo leyendo mentalmente algún libro que me haya parecido pedante colgado y muy aburrido, como clin caja sale a relucir “El Alquimista” Arranco, pagina 1, pagina 2, pagina 3, me hinché las bolas, era demasiado entupido y estaba perdiendo mi valioso tiempo en rechinar los resortes, no iba a cometer el mismo error dos veces, con una vez alcanza a pesar de la absurda necesidad innata del ser humano de volver a equivocarse cuantas el camino se lo proponga; yo trato de evitarlo, o al menos pensar varias veces. Seguir leyendo »

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